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AL PUEBLO DE CUBA.
Bohemia, 28 de julio de 1957
(MANIFIESTO DE RAÚL CHIBAS, FELIPE
PAZOS Y FIDEL CASTRO)
Julio 12 de 1957
Desde la Sierra Maestra, donde nos ha reunido el sentido
del deber, hacemos este llamamiento a nuestros compatriotas.
Ha llegado la hora en que la nación se puede salvar de
la tiranía por la inteligencia, el valor y el civismo de sus hijos, por
el esfuerzo de todos los que han llegado a sentir en lo hondo el destino
de esta tierra donde tenemos derecho a vivir en paz y en libertad.
¿Es incapaz la nación cubana para cumplir su alto
destino o recae la culpa de su impotencia en la falta de visión de sus
conductores públicos? ¿Es que no se le puede ofrendar a la Patria en su
hora más difícil el sacrificio de todas las aspiraciones personales, por
justas que parezcan, de todas las pasiones subalternas, las rivalidades
personales o de grupo, en fin, de cuanto sentimiento mezquino o pequeño
han impedido poner en pie, como un solo hombre este formidable pueblo,
despierto y heroico que es el cubano? ¿O es que el deseo vanidoso de un
aspirante público vale más que toda la sangre que ha costado esta
República?
Nuestra mayor debilidad ha sido la división, y la
tiranía, consciente de ello, la ha promovido por todos los medios, en
todos los aspectos. Ofreciendo soluciones a medias, tentando ambiciones
unas veces, otra la buena fe o ingenuidad de sus adversarios, dividió
los partidos en fracciones antagónicas, dividió la oposición política en
líneas disímiles y, cuando más fuerte y amenazadora era la corriente
revolucionaria, intentó enfrentar los políticos a los revolucionarios,
con el único propósito de batir primero la revolución y burlar a los
partidos después.
Para nadie era un secreto que si la dictadura lograba
derrotar el baluarte rebelde de la Sierra Maestra y aplastar el
movimiento clandestino, libre ya del peligro revolucionario, no quedaban
las más remotas posibilidades de unos comicios honrados en medio de la
amargura y el escepticismo general.
Sus intenciones quedaban evidenciadas, tal vez
demasiado pronto, a través de la segunda minoría senatorial, aprobada
con escarnio de la Constitución y burla de los compromisos contraídos
con los propios delegados oposicionistas, tentaba de nuevo la división y
preparaba el camino de la brava electoral.
Que la Comisión Interparlamentaria fracasó lo reconoce
el propio partido que la propuso en el seno del Congreso; lo afirman
categóricamente las siete organizaciones oposicionistas que participaron
en ella y hoy denuncian que ha sido una burla sangrienta; lo afirman
todas las instituciones cívicas; y sobre todo, lo afirman los hechos. Y
estaba llamada a fracasar porque se
quiso ignorar el empuje de dos fuerzas que han hecho su
aparición en la vida pública cubana: la nueva generación revolucionaria
y las instituciones cívicas, mucho más poderosas que cualquier
capillita. Así, la maniobra interparlamentaria sólo podía prosperar a
base del exterminio de los rebeldes. A los combatientes de la Sierra no
se les ofrecía otra cosa en esa mezquina solución, que la cárcel, el
exilio o la muerte. Jamás debió aceptarse a discutir en esas
condiciones.
Unir es lo único patriótico en esta hora. Unir en lo
que tienen de común todos los sectores políticos, revolucionarios y
sociales que combaten la dictadura. ¿Y qué tienen de común todos los
partidos políticos de oposición, los sectores revolucionarios y las
instituciones cívicas? El deseo de poner fin al régimen de fuerza, las
violaciones a los derechos individuales, los crímenes infames y buscar
la paz que todos anhelamos por el único camino posible que es el
encauzamiento democrático y constitucional del país.
¿Es que los rebeldes de la Sierra Maestra no queremos
elecciones libres, un régimen democrático, un gobierno constitucional?
Porque nos privaron de esos derechos hemos luchado
desde el 10 de marzo. Por desearlos más que nadie estamos aquí. Para
demostrarlo, ahí están nuestros combatientes muertos en la Sierra y
nuestros compañeros asesinados en las calles o recluidos en las
mazmorras de las prisiones; luchando por el hermoso ideal de una Cuba
libre, democrática y justa. Lo que no hacemos es comulgar con la
mentira, la farsa y la componenda.
Queremos elecciones, pero con una condición:
elecciones verdaderamente libres, democráticas, imparciales.
¿Pero es que puede haber elecciones libres,
democráticas, imparciales con todo el aparato represivo del estado
gravitando como una espada sobre las cabezas de los oposicionistas? ¿Es
que el actual equipo gobernante después de tantas burlas al pueblo puede
brindar confianza a nadie en unas elecciones libres, democráticas,
imparciales?
¿No es un contrasentido, un engaño al pueblo que ve lo
que está ocurriendo aquí todos los días, afirmar que puede haber
elecciones libres, democráticas, imparciales bajo la tiranía, la
antidemocracia y la parcialidad?
¿De qué vale el voto directo y libre, el conteo
inmediato y demás ficticias concesiones si el día de las elecciones no
dejan votar a nadie y rellenan las urnas a punta de bayoneta? ¿Acaso
sirvió la comisión de sufragios y libertades públicas para impedir las
clausuras radiales y las muertes misteriosas que continuaron
sucediéndose?
¿De qué han servido hasta hoy los reclamos de la
opinión pública, las exhortaciones, el llanto de las madres?
Con más sangre se quiere poner fin a la rebeldía, con
más terror se quiere poner fin al terrorismo, con más opresión se quiere
poner fin al ansia de libertad.
Las elecciones deben ser presididas por un gobierno
provisional neutral, con el respaldo de todos, que sustituya la
dictadura para propiciar la paz y conducir al país a la normalidad
democrática y constitucional.
Esta debe ser la consigna de un gran frente,
cívico-revolucionario que comprenda todos los partidos políticos de
oposición, todas las instituciones cívicas y todas las fuerzas
revolucionarias.
En consecuencia, proponemos a todos los partidos
políticos oposicionistas, todas las instituciones cívicas y todos los
sectores revolucionarios lo siguiente:
1) Formación de un Frente Cívico Revolucionario con
una estrategia común de lucha.
2) Designar desde ahora una figura llamada a presidir
el gobierno provisional, cuya elección en prenda de desinterés por parte
de los líderes oposicionistas y de imparcialidad por el que resulte
señalado, quede a cargo del conjunto de instituciones cívicas.
3) Declarar al país que dada la gravedad de los
acontecimientos no hay otra solución posible que la renuncia del
dictador y entrega del poder a la figura que cuente con la confianza y
el respaldo mayoritario de la nación, expresado a través de sus
organizaciones representativas.
4) Declarar que el Frente Cívico-Revolucionario no
invoca ni acepta la mediación o intervención alguna de otra nación en
los asuntos internos de Cuba. Que en cambio, respalda las denuncias que
por violación de derechos humanos han hecho los emigrados cubanos ante
los organismos internacionales y pide al gobierno de los Estados Unidos,
que en tanto persista el actual régimen de terror y dictadura, suspenda
todos los envíos de armas a Cuba.
5) Declarar que el Frente Cívico-Revolucionario, por
tradición republicana e independentista no aceptaría que gobernara
provisionalmente la República ningún tipo de Junta Militar.
6) Declarar que el Frente Cívico-Revolucionario
alberga el propósito de apartar al Ejército de la política y garantizar
la intangibilidad de los Institutos Armados. Que los militares nada
tienen que temer del pueblo cubano y sí de la camarilla corrompida que
los envía a la muerte en una lucha fratricida.
7) Declarar bajo formal promesa, que el gobierno
provisional celebrará elecciones generales para todos los cargos del
Estado, las provincias y los municipios en el término de un año bajo las
normas de la Constitución del 40 y el Código Electoral del 43 y
entregará el poder inmediatamente al candidato que resulte electo.
8) Declarar que el gobierno provisional deberá ajustar
su misión, al siguiente programa:
A) Libertad inmediata para todos los presos políticos,
civiles y militares.
B) Garantía absoluta a la libertad de información, a
la prensa radial y escrita y de todos los derechos individuales y
políticos garantizados por la Constitución.
C) Designación de alcaldes provisionales en todos los
municipios previa consulta con las instituciones cívicas de la
localidad.
D) Supresión del peculado en todas sus formas y
adopción de medidas que tiendan a incrementar la eficiencia de todos los
organismos del Estado.
E) Establecimiento de la Carrera Administrativa.
F) Democratización de la política sindical promoviendo
elecciones libres en todos los sindicatos y federaciones de industrias.
G) Inicio inmediato de una intensa campaña contra el
analfabetismo y de educación cívica, exaltando los deberes y derechos
que tiene el ciudadano con la sociedad y con la Patria.
H) Sentar las bases para una reforma agraria que
tienda a la distribución de las tierras baldías y a convertir en
propietarios a todos los colonos, aparceros, arrendatarios y precaristas
que posean pequeñas parcelas de tierras, bien sean propiedad del Estado
o particulares, previa indemnización a los anteriores propietarios.
I) Adopción de una política financiera sana que
resguarde la estabilidad de nuestra moneda y tienda a utilizar el
crédito de la Nación en obras reproductivas.
J) Aceleración del proceso de industrialización y
creación de nuevos empleos.
En dos puntos de este planteamiento hay que hacer
especial insistencia.
PRIMERO: La necesidad de que se designe desde ahora la
persona llamada a presidir el gobierno de la República, para demostrar
ante el mundo que el pueblo cubano es capaz de unirse tras una consigna
de libertad y apoyar la persona que reuniendo condiciones de
imparcialidad, integridad, capacidad y decencia, pueda encarnar esa
consigna. ¡Sobran hombres capaces en Cuba para presidir la República!
SEGUNDO: Que esa persona sea designada por el conjunto
de instituciones cívicas, por ser apolíticas estas organizaciones, cuyo
respaldo libraría al presidente provisional de todo compromiso
partidista dando lugar a unas elecciones absolutamente limpias e
imparciales.
Para integrar este frente no es necesario que los
partidos políticos y las instituciones cívicas se declaren
insurreccionales y vengan a la Sierra Maestra. Basta que le nieguen todo
respaldo a la componenda electorera del régimen y declaren paladinamente
ante el país, ante los Institutos Armados y ante la opinión pública
internacional, que después de cinco años de inútil esfuerzo, de
continuos engaños y de ríos de sangre, en Cuba no hay otra salida que la
renuncia de Batista, que ya ha gravitado en dos etapas durante dieciséis
años en los destinos del país, y Cuba no está dispuesta a caer en la
situación de Nicaragua o Santo Domingo.
No es necesario venir a la Sierra a discutir, nosotros
podemos estar representados en La Habana, en México o en donde sea
necesario.
No es necesario decretar la Revolución: organícese el
Frente que proponemos y la caída del régimen vendrá por sí sola, tal vez
sin que se derrame una gota más de sangre. Hay que estar ciegos para no
ver que la dictadura está en sus días postreros, y que este es el minuto
en que todos los cubanos deben poner lo mejor de su inteligencia y su
esfuerzo.
¿Podrá haber otra solución en medio de la guerra civil
con un gobierno que no es capaz de garantizar la vida humana, que no
controla ya ni la acción de sus propias fuerzas represivas y cuyas
continuas burlas y rejuegos han hecho imposible por completo la menor
confianza pública?
Nadie se llame a engaño sobre la propaganda
gubernamental acerca de la situación de la Sierra. La Sierra Maestra es
ya un baluarte indestructible de la libertad que ha prendido en el
corazón de nuestros compatriotas, y aquí sabremos hacer honor a la fe y
a la confianza de nuestro pueblo.
Nuestro llamamiento podrá ser desestimado, pero la
lucha no se detendrá por ello y la victoria del pueblo aunque mucho más
costosa y sangrienta nadie la podrá impedir. Esperamos, sin embargo, que
nuestra apelación será oída y que una verdadera solución detenga el
derramamiento de sangre cubana y nos traiga una era de paz y libertad.
Sierra Maestra, julio 12 de 1957.
Raúl Chibás, Felipe Pazos, Fidel
Castro.
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